“El deber de la inteligencia es un deber revolucionario. Los únicos intelectuales insensibles a este deber son los “intelectuales de panteón” que exhiben su ramplona bisutería ideológica en los escaparates de las librerías de lujo. Los intelectuales decadentes, intoxicados de una literatura morbosa y palúdica y enamoradas de la torre de marfil y de otras quimereas astrales y estúpidas” José Carlos Mariátegui |