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聽 Durante la batalla de Monte Chingolo las historias personales se transformaron en parte de la 茅pica de aquel enfrentamiento. Hasta el d铆a de hoy los vecinos de la zona que fueron testigos de lo ocurrido comentan en sus casas sobre las matanzas del Ej茅rcito y el valor de los guerrilleros. No es dif铆cil hallar en los pasillos y las calles de barrio IAPI a hombres y mujeres que escondieron a los combatientes, que les dieron ropa para cambiarse y eludir la represi贸n, que les regalaron vendas para tapar las heridas, que les indicaron por d贸nde andaban los militares, y hasta algunos que les ofrecieron sus armas personales. 聽 Pero si bien medio barrio vio al grupo principal que se retir贸 del cuartel, la mayor铆a con heridas de bala, casi nadie repar贸 en la petisa Mar铆a, una combatiente que al intentar saltar el alambrado perimetral en la noche del 23 para escapar, decidi贸 volver a entrar para no perder la pistola que se le hab铆a ca铆do hacia adentro de la unidad militar cuando estaba por irse. Mar铆a sab铆a que en el ERP no se admit铆a el abandono de las armas, pero especialmente que esa 9 mil铆metros seguramente hab铆a sido recuperada por un hermano o hermana combatiente que hab铆a arriesgado la vida cuando se la arrebat贸 al enemigo. Entonces volvi贸 a buscarla y cuando la recuper贸, una manada de militares ingresaron al cuartel. Y ya no pudo salir. Pas贸 todo el d铆a 24 escondida en un arbusto, oy贸 en la madrugada c贸mo remataban a los heridos, y hasta salv贸 la vida cuando un conscripto la descubri贸 y decidi贸 callarse para preservarla de las manos de los criminales uniformados. Reci茅n a la noche siguiente Mar铆a pudo salir y en pocos d铆as ya estaba militando nuevamente en su escuadra del ERP y ocupando su puesto en la f谩brica donde trabajaba. A ella nadie la vio, salvo aquel colimba que no estuvo dispuesto a delatarla para que la masacraran como hicieron con el resto. No fue el 煤nico soldado que se neg贸 a ser verdugo de su pueblo. Antes, cuando una columna de guerrilleros hab铆a comenzado la retirada, arrastr谩ndose y amparados en la noche, un soldado armado con un FAP pudo haber hecho tiro al blanco con ellos, dado que estaba a cubierto y en un 谩ngulo inmejorable para disparar. Pero en cambio, solamente dijo "soy de la JP" y le se帽al贸 a los combatientes el mejor camino para salir del cuartel. Antes de despedirse, el soldado entreg贸 su fusil a uno de los guerrilleros y le pidi贸 que lo golpeara en la cabeza muy fuerte, para justificar la p茅rdida ante sus superiores y el hecho de no haber tirado. "Si no me peg谩s, estos hijos de puta matan", dijo, antes de recibir el golpe. Tony, que cay贸 gritando "viva la revoluci贸n"; Dar铆o que le bes贸 la frente a Teresa, que hab铆a muerto, antes de continuar la retirada; Beto, que cay贸 tratando de salvar a un compa帽ero herido; Juan, que no emiti贸 una sola queja durante la retirada que dur贸 toda la noche, pese a que una bala de FAL le hab铆a perforado el vientre de un lado al otro; Claudio, con dos tiros en la pierna, que ayudaba a caminar a un compa帽ero que ten铆a 4 tiros en las piernas; Panch煤, que a pesar de tener ocho tiros en el cuerpo, consolaba en medio del combate a un soldado aterrado y le explicaba que "nosotros no matamos colimbas". Y muchas m谩s historias de hombres y mujeres comunes -obreros, estudiantes, intelectuales, empleados-聽que fueron educados por el PRT-ERP para ser lo m谩s parecidos que sea posible al hombre nuevo. Una inmensa e inolvidable historia de amor: eso fue la batalla de Monte Chingolo. 聽 聽
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