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La revoluci贸n de mayo y la mujer PDF Imprimir E-mail
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Toda revoluci贸n verdadera produce una conmoci贸n pol铆tica, econ贸mica y cultural. Junto a las transformaciones en la base econ贸mica de la sociedad, irrumpen con fuerza las nuevas ideas y valores que durante mucho tiempo fueron la expresi贸n ideol贸gica de las clases y sectores sociales que en la vieja sociedad lucharon por poner fin a las diversas formas de opresi贸n y dominio de las clases dominantes hasta ese entonces. La revoluci贸n de mayo de 1.810, dentro de los l铆mites de una revoluci贸n democr谩tico-burguesa como era, no dej贸 de producirlos. Y entre ellos no deja de destacarse el papel asumido por muchas mujeres en la lucha revolucionaria por asegurar la libertad e independencia de Am茅rica de la corona espa帽ola. No como simples y m谩s o menos pasivas acompa帽antes de los hombres, sino como luchadoras en las primeras filas de la revoluci贸n y durante el periodo posterior de las guerras civiles que envolvieron al pa铆s.

聽Con evidente morosidad los estudios hist贸ricos van rescatando del olvido a muchas de ellas como por ejemplo a Juana Azurduy, a la Delfina, de quien nunca se conoci贸 su verdadero nombre y apellido y compa帽era de Pancho Ram铆rez, a Macacha Guemes, hermana del General y muchas otras que lucharon pol铆tica y militarmente por llevar adelante la revoluci贸n y sus ideas de libertad, y que constituyen el antecedente hist贸rico de las miles de compa帽eras que lucharon y hoy luchan, no solo por el reconocimiento de sus derechos en cuanto genero, sino tambi茅n por transformar a una sociedad injusta y discriminadora que arroja al hambre y la miseria a millones de hombres y mujeres de la clase trabajadora de la ciudad y el campo.

Los grupos revolucionarios que actuaron en este periodo no tuvieron como una de sus preocupaciones centrales consagrar la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer. A tono con las ideas de la 茅poca la lucha era contra la nobleza absolutista, por la libertad pol铆tica y el derecho de los pueblos a darse su propio gobierno, por abrir paso a la ciencia y a la raz贸n contra el peso de las ideas religiosas y el esp铆ritu clerical que todo lo dominaba. Las ideas y la lucha por la igualdad pol铆tica, econ贸mica y jur铆dica entre el hombre y la mujer seria una m谩s de las tantas contribuciones al desarrollo de la conciencia social aportado por las ideas socialistas que comenzaron a madurar con posterioridad a la consolidaci贸n de la burgues铆a como nueva clase dominante y al proceso de proletarizaci贸n de millones de hombres y mujeres que expropiados de sus medios de vida, fueron obligados a vender su fuerza de trabajo a los nuevos amos de la sociedad. De todos modos el peso de las nuevas ideas tambi茅n se abri贸 paso en medio de la revoluci贸n de mayo.

Un ejemplo de esto lo constituy贸 Mariquita S谩nchez, hija de espa帽oles, quien a los catorce a帽os se enamor贸 de su primo segundo Mart铆n Thompson, y pese a la oposici贸n de sus padres quienes la hab铆an comprometido en casamiento a un rico comerciante, defendi贸 contra todas las costumbres de la 茅poca su derecho a casarse por amor y no por inter茅s econ贸mico, tal como se estilaba y se estila muchas veces aun hoy entre las clases altas. Durante cuatro a帽os esta ni帽a-mujer luch贸 por sus derechos hasta que en 1.805 y con la autorizaci贸n del Virrey Sobremonte se pudo casar con el hombre que amaba, luego de ser encerrada en un convento por sus padres y de varios juicios llevados adelante contra sus propios padres, quienes consideraban a Thompson de un estrato social inferior al suyo. No es dif铆cil imaginarnos la conmoci贸n social que la rebeld铆a de Mariquita debe haber causado en el Buenos Aires colonial en donde la autoridad paterna era tan incuestionda como la autoridad por gracia divina del monarca, y en donde el papel de la mujer se limitaba a obedecer al hombre, cuidar la casa, criar los hijos, cumplir con los horarios de los rezos e ir a misa, sin tener la m谩s m铆nima participaci贸n en las cuestiones pol铆ticas y sociales. Los Thompson estaban vinculados al grupo de revolucionarios de Moreno, Belgrano y Castelli entre otros y fueron fieles a las ideas y objetivos de la revoluci贸n. La historia oficial, solo nos cuenta que en su casa se estren贸 por primera vez en el a帽o 1.813, las estrofas de Oid Mortales El Grito Sagrado, aceptado posteriormente como el Himno Nacional.

Otro ejemplo de amor y lucha revolucionaria lo constituye Mar铆a Guadalupe Cuenca, casada con Mariano Moreno. Se conocieron en Chuquisaca, tambi茅n conocida como Charcas, cuando Moreno en 1.800 fue enviado all铆 por sus padres para seguir la carrera eclesi谩stica, carrera que abandon贸 para seguir la de abogac铆a. Se casaron en 1.804 y en 1.805 regresaron a Buenos Aires. Moreno fue el alma de la revoluci贸n, todo el impulso y la energ铆a de la misma se concentraba en su figura y en su acci贸n. La huella que marc贸 en la misma a pesar del breve periodo en que se desempe帽贸 como Secretario de la Primer Junta, dur贸 mucho tiempo antes de ser desplazadas por las ideas conservadoras de las fuerzas reaccionarias. En medio de la lucha ya abierta entre saavedristas y morenistas,聽 Moreno se vio obligado a renunciar el 19 de diciembre de 1.810 al cambiar la correlaci贸n de fuerzas al interior de la Junta al incorporarse los diputados del interior. El 24 de enero de 1.811 es enviado por el gobierno, con el objetivo de alejarlo de Bs. As. en una misi贸n hacia Inglaterra. Muere en alta mar el 4 de marzo de ese a帽o, presuntamente envenenado a los 31 a帽os de edad. Unos d铆as antes, Guadalupe hab铆a recibido de manos an贸nimas una caja con un abanico negro, guantes del mismo color y un velo de viuda, como un mensaje siniestro de lo que se preparaba contra su esposo. Es el a帽o 1.811, a帽o en que las fuerzas conservadoras encabezadas por Saavedra y el cura Funes pasan a la ofensiva contra los revolucionarios, Guadalupe le escribe a Moreno una primer carta el 14 de marzo ignorando que este ya hab铆a muerto, all铆 le informa detalladamente sobre los sucesos pol铆ticos en Buenos Aires y la marcha de la guerra para asegurar la independencia, le dice 鈥 Los han desterrado a Azcuenaga y Posadas a Mendoza, Larrea a San Juan, Pe帽a a la Punta de San Lu铆s, Vieytes a la misma, French, Berutti, Donado y el Dr. Vieytes, a Patagones, hoy te mando el manifiesto para que veas como mienten estos infames鈥. 鈥淒el pobre Castelli hablan incendios.鈥.鈥 Ha habido partidario de Saavedra que ha dicho delante de tu t铆o Mart铆n que tu partido se ha de cortar de ra铆z鈥 .El 20 de abril le escribe 鈥淓stas cosas que acaban de suceder con los vocales, me son un pu帽al en el coraz贸n, porque veo que cada d铆a Saavedra se asegura m谩s en el mando, y tu partido se tira a cortar de ra铆z鈥. En otra le dice 鈥淣o se cansan tus enemigos de sembrar odio contra vos鈥. Estas cartas que jam谩s llegaron a destino, hablan a las claras de una mujer comprometida con la revoluci贸n, al tanto de los acontecimientos y participando activamente en los mismos, al tiempo que son un vivo testimonio del profundo amor que un铆a a ambos revolucionarios. La noticia de la muerte de Moreno lleg贸 a Buenos Aires en octubre de ese a帽o. Todos los presentimientos de Guadalupe respecto a la suerte corrida por su compa帽ero se confirmaron tr谩gicamente.

En este proceso revolucionario ocupa un lugar fundamental Juana Azurduy de Padilla, nacida el 12 de junio de 1.870 en Chuquisaca- actual territorio de Bolivia- que durante a帽os act煤o como jefa guerrillera en la vanguardia de las fuerzas de Guemes y junto a su marido, el General Padilla, defendieron del avance espa帽ol un amplio territorio que va desde el norte de Chuquisaca hasta las selvas de Santa Cruz de la Sierra.

Desde 1.812 hasta 1.821 las guerrillas de Guemes rechazaron doce invasiones del ej茅rcito espa帽ol, uno de los m谩s poderosos del mundo por ese entonces, garantizando la seguridad de la frontera norte y facilitando la t谩ctica de San Mart铆n de cruzar los Andes, liberar a Chile y luego marchar al Per煤. Muerto Padilla en noviembre de 1.816, quien recibi贸 una herida mortal cuando rescat贸 a Juana que hab铆a sido herida y apresada en la batalla de Viloma.. Juana, reconocida por los propios hombres por su coraje y decisi贸n, asume el mando de las fuerzas guerrilleras y lleva la lucha hasta el final contribuyendo a asegurar la independencia de nuestra patria. Todo lo puso en funci贸n de la lucha sin reclamar nada a cambio. Perdi贸 su casa, sus tierras, a su esposo y a cinco de sus siete hijos que murieron v铆ctimas del hambre y las enfermedades que no pudieron evitar en sus marchas por las monta帽as y selvas del Alto Per煤. El 13 de agosto de 1.816 fue nombrada Teniente Coronel por el Director Supremo Pueyrredon y el sable de mando le fue entregado por el propio General Belgrano. Muri贸 en la mayor de la pobreza y el olvido el 25 de mayo de 1826. Varios a帽os antes frente al intento de los espa帽oles de sobornar a su marido, Juana les contestaba 鈥淟a propuesta de dinero y otros intereses solo debiera hacerse a los infames que pelean por su esclavitud, m谩s no a los que defend铆an su dulce libertad, como el lo har铆a a sangre y fuego鈥.

Juana Azurduy fue una protagonista de primer orden de lo que se conoci贸 como la Guerra de las Republiquetas en el Alto Per煤. Se trataba de zonas liberadas, lo que hoy se llamar铆an zonas de poder popular, que estaban a cargo de un jefe pol铆tico-militar. Hubo cerca de ciento dos Republiquetas comandadas por sus respectivos jefes, la lucha fue tan cruel y dura que solo nueve de estos jefes sobrevivieron, entre ellos Juana. En el camino quedaron hombres como Padilla, Warnes, el cura Idelfonso Mu帽ecas y Camargo. Estas fuerzas comandadas por Guemes fueron el terror de los ej茅rcitos espa帽oles y merece ser estudiada y conocida a fondo por las actuales fuerzas revolucionarias. Tal era el odio que le ten铆an los espa帽oles que el Virrey Pezuela desde el Per煤 orden贸 鈥淗asta la iglesia si la tienen debe ser quemada y arrasada...Deben las mujeres del pueblo, los viejos y hasta los ni帽os morir degollados, pues, adem谩s de ser de la misma especie vil que los actores, tendr谩n en ellos su castigo los que hayan huido a los montes鈥. Lo que se dice un verdadero adelanto del esp铆ritu occidental y cristiano que constantemente asola a nuestros pueblos y que hoy esta representado por las fuerzas armadas yanquis y los ej茅rcitos que siguen su doctrina.

La vida de estas mujeres, que aqu铆 brevemente exponemos, nos permite advertir el papel jugado en los distintos aspectos de la lucha revolucionaria por otras miles de mujeres an贸nimas, las que cumpl铆an tareas de espionaje junto a Guemes y San Mart铆n, las que ayudaban y participaban en las marchas de los ej茅rcitos patriotas, las que hac铆an propaganda y cientos de otras peque帽as y grandes tareas al servicio de la revoluci贸n y la lucha por la libertad. Es cierto que no hay revoluci贸n sin la participaci贸n plena de la mujer, toda nuestra historia as铆 lo confirma. Aqu铆 est谩n para reafirmarlo Irene Delfino, Vicki Walls, Ana M. Villareal de Santucho, entre tantas otras, y las miles de mujeres que hoy, y como continuidad de todas nuestras luchas ganan las calles, cortan rutas, ocupan fabricas y tierras, hacen huelgas, escriben y discuten impulsando la lucha por sus derechos y por transformar de ra铆z una sociedad basada en la explotaci贸n, la miseria y el hambre de millones de compa帽eros.聽

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