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Los objetivos: EE.UU. comienza un desembarco militar en HaitÃ.
Manuel Freytas* El portaaviones nuclear Carl Vinson ya está en las costas haitianas Además del crecimiento meteórico de los saqueos y de la violencia social en las últimas horas, las advertencias del gobierno haitiano son contundentes: Si no se atiende en forma inmediata a las necesidades de supervivencia de las vÃctimas, el paÃs se encamina hacia un estallido social de consecuencias imprevisibles. En la misma apreciación coinciden la ONU, la Cruz Roja, y, en general, todos los corresponsales y las organizaciones internacionales que actúan en el área del desastre. No obstante, nada indica que esa operación de rescate y ayuda coordinada internacional pueda producirse en lo inmediato, lo que torna a Haità en una verdadera "olla de presión" social con bandas armadas incentivando y multiplicando la rebelión por todo Puerto PrÃncipe. En este escenario, y de aquà al lunes, el Pentágono inició una operación militar en alta escala para rodear y ocupar Haità dentro de un anillo de "seguridad nuclear" bajo el (absurdo) argumento justificatorio de brindar "ayuda humanitaria" a las vÃctimas de la catástrofe. Antes del lunes EE.UU. despachará una flota a HaitÃ, compuesta por buques, submarinos, aviones y helicópteros (la mayorÃa dotados con poder nuclear), e incrementará la presencia militar norteamericana de 1.000 a 10.000 soldados, según informó el jefe del Estado Mayor Conjunto, almirante Mike Mullen. Mientras tanto, el Pentágono informó el viernes de la llegada de su portaaviones nuclear USS Carl Vinson, con 19 helicópteros y fuerzas especiales que desembarcarán en las áreas de catástrofe. De acuerdo con lo informado por Mullen, la misión del Carl Vinson es estrictamente "humanitaria" ya que cuenta con una capacidad de 51 camas de hospital, tres salas de operaciones quirúrgicas, y la capacidad de producir cientos de miles de litros de agua potable al dÃa. El absurdo de esta afirmación consiste en que este "equipamiento médico" metido dentro de un portaaviones nuclear es inconsistente con las necesidades masivas de atención de las vÃctimas haitianas (heridos sin atención) que suman decenas de miles por toda la zona devastada. Según al CNN, una compañÃa de la 82 División Aerotransportada de EE.UU., formada por unos 100 soldados, se encuentra ya en Haità preparando el campamento para la llegada durante el fin de semana, del resto de la brigada (unos 3.500 soldados de fuerzas especiales). Ante la suspicacia internacional que despertó este virtual dispositivo de ocupación militar de Haità (escudado en la "ayuda humanitaria") Obama y los jefes del Pentágono salieron a aflojar tensiones. Curiosamente, Obama realizó el anuncio el despliegue militar como una "misión humanitaria" coordinada con el gobierno de HaitÃ, rodeado de sus principales asesores militares. "Esta mañana he conversado con el presidente Préval de HaitÃ", señaló el viernes Obama a la prensa. "Como otros muchos haitianos, el presidente ha perdido su hogar, y su Gobierno está trabajando en unas condiciones extremadamente difÃciles", añadió. En consecuencia, "como vecinos y amigos de HaitÃ", Obama dijo haber prometido a su homólogo "el pleno apoyo del pueblo norteamericano" en la recuperación del devastado paÃs. En medio de temores de que el malestar local y la frustración por el retraso de la asistencia pueda transformarse en violencia, el secretario de Defensa de EE.UU., Robert Gates, dijo el viernes que salvo algunos robos de comida y agua y algunos saqueos menores la situación de seguridad en Haità sigue siendo "bastante buena". P.J. Crowley, portavoz del Departamento de Estado estadounidense, comentó que la distribución de asistencia deberÃa mejorar. Sin embargo, el aeropuerto de Puerto PrÃncipe tiene una capacidad limitada y el puerto aún está inutilizable, según consigna un corresponsal de Asociatted Press El jefe del Pentágono, Robert Gates, dijo por su parte a la prensa que el pueblo haitiano sentÃa el despliegue como "un alivio". Bajo esa justificación, los marines estadounidenses tomaron el viernes el control del aeropuerto de Puerto PrÃncipe para "acelerar la ayuda humanitaria". "No creo que nos vean asÃ", como una fuerza ocupante, dijo el jefe del Pentágono. "Dado que estamos dedicándonos a repartir agua y comida y atención médica, yo creo que la reacción (del pueblo haitiano) es de alivio, al ver que Estados Unidos les da este tipo de ayuda". Mientras tanto una fuerza especial de la infanterÃa de marina ya tomó el control del aeropuerto, donde se amontona un hervidero de refugiados en espera de ser evacuados, y de periodistas y de miembros de organizaciones internacionales de todo el mundo. Los objetivos de Washington Según desliza The Washington Post, el verdadero objetivo de la flota norteamericana es rodear a Haità con un anillo de seguridad militar en prevención de los posibles (y previstos) brotes de violencia que amenazan con extenderse a todo el territorio haitiano. Pero hay otra razón de fondo que parece justificar el desembarco militar: EE.UU. (en su condición de dueño del Patio Trasero) busca imponer su hegemonÃa de potencia nuclear y consolidar su control en la zona de catástrofe como ya lo hizo durante el tsunami asiático. Los objetivos pueden ser varios, pero hay uno que sobresale nÃtidamente: Reemplazar a los Cascos Azules de la ONU y constituirse en única autoridad militar con un control directo sobre el gobierno de HaitÃ. Después del golpe en Honduras, los halcones y ultraconservadores de Washington impusieron a Obama un replanteo de las relaciones estratégicas con los gobiernos de la región. Para los halcones ultra conservadores USA (el Pentágono y el "capitalismo de guerra" del Complejo Militar Industrial) Chávez y sus aliados son la "dictadura comunista" que querÃan apoderarse de Honduras de la mano de Zelaya. El golpe hondureño, en realidad, fue sólo la punta del iceberg de un proceso geopolÃtico militar más profundo impulsado por el poder conservador de EE.UU., que intenta sustituir a una estrategia de dominio que considera "demasiado blanda" (el "sistema democrático" de poderes civiles) por una alternativa de mayor control militar de la región adaptado a las crisis y a los conflictos intercapitalistas que se avecinan en el planeta. Los conservadores (demócratas y republicanos) y los halcones militaristas que controlan los resortes de decisión del Pentágono y del Complejo Militar Industrial (capitalismo de guerra), están convencidos de que las polÃticas de "diálogo y tolerancia" que propicia Obama conducen a una pérdida del poder militar de EE.UU. y a una fortificación de sus enemigos situados en el "eje del mal". La reactivación de la IV Flota USA patrullando aguas latinoamericanas fue una señal clara -dicen expertos regionales- de que EE.UU. está lanzando una señal preventiva a quienes se atrevan a poner los pies sobre los recursos estratégicos de la región (petróleo, agua potable y biodiversidad) que considera como suyos. Enmarcado en estos hechos, el Pentágono y el Departamento de Estado ven como "potencial peligro" (con posibles ramificaciones en otros paÃses) el desembarco comercial-militar del eje Rusia-China-Irán en América Latina utilizando a Venezuela como plataforma. Expertos que manejan información confidencial en Washington vienen advirtiendo que las claves del golpe de Estado en Honduras y el incremento de la presencia militar USA en Colombia (bases militares) se encuentran en la creciente influencia (militar y comercial) rusa-iranà en América Latina y en su alianza estratégica con Venezuela. La "cumbre" Medvedev-Chávez, a fines del año pasado, formó parte del decorado de una estrategia para integrar a Chávez como nuevo jugador en el tablero de la "guerra frÃa" Washington-Moscú, donde América Latina y la región petrolera del Caribe se convierten en un nuevo posible escenario de la guerra por el control de la energÃa entre Rusia y EE.UU.. En ese escenario, los halcones del Pentágono y del Departamento de Estado (que manejan las polÃticas militares y las hipótesis de conflicto externo de Washington) no miran ni analizan a Chávez desde una perspectiva exclusivamente latinoamericana. El presidente venezolano mantiene una alianza estratégica (de orden comercial y militar) tanto con Irán como con Rusia y China, potencias capitalistas emergentes que compiten con el eje USA-UE por el control de las redes energéticas y las reservas petroleras del triángulo Eurasia-Cáucaso-Medio Oriente, en una versión aggiornada de la "guerra frÃa" por áreas de influencia, esta vez protagonizada a niveles intercapitalistas. Esto convierte al Caribe (con Haità adentro) en una región de alto voltaje en la resolución de la guerra frÃa por recursos estratégicos y energÃa que mantienen las potencias por su supervivencia futura. En este escenario, la preocupación central del Pentágono es el despliegue de aviones, barcos y submarinos nucleares rusos en el Caribe, muy cerca de las principales reservas de petróleo y de recursos de biodiversidad en América Latina. Aquà es donde Chávez (a pesar de su sociedad comercial estratégica con USA) se vuelve "rojo, rojito", al convertirse en el trampolÃn de Moscú en el patio trasero. ¿Y como cierra la catástrofe haitiana y el desembarco militar norteamericano en este escenario? Muy sencillo: La ocasión hace al ladrón, y la catástrofe haitiana brinda a EE.UU. la posibilidad de reconvertir a Haità en un nuevo portaaviones terrestre para sus fuerzas de despegue rápido en la convulsa región centroamericana y caribeña. A esto (y siguiendo una vieja técnica imperial de disfrazar la ocupación con una causa moral) la Casa Blanca y el Pentágono llaman graciosamente "misión humanitaria en HaitÃ". Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Â
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